La Voz de Ituzaingó aportó el tipiado y digitalización del libro, autoría de Rolando Goyaud con colaboración del profesor Ricardo Castillo.

INTRODUCCION

La demanda de conocimientos de las presentes generaciones se corresponde con los avances culturales que nuestra sociedad transita. Pero los requerimientos no sólo conciernen a la cantidad de información, sino a que éstos sean suministrados didácticamente facilitando su comprensión y posterior aplicación.
En los últimos años asistimos a una valorización del estudio de la historia local, expresada en nuevas corrientes historiográficas, congresos y publicaciones especializadas, contribuyendo a desarrollar un sentido de identidad y pertenencia, el cual se encuentra arraigado en nuestra comunidad durante décadas de sana tradición autonomista y a los cuales esta obra pretende consolidar.

PROLOGO

DONDE EL PRESENTE SE ENCUENTRA CON EL PASADO
Con esta obra, el Museo de Ituzaingó Clarisse Coulombie de Goyaud, tiene el propósito de interesar a la juventud en saber cómo Ituzaingó vivió en el pasado, estimularla en la búsqueda de su identidad e impulsarla a participar activamente en el desarrollo de la sociedad, ayudándola  a comprender que si hoy es futuro mañana será pasado.
También está dirigido a los docentes que deben despertar en los alumnos el interés por conocer la historia de su tierra, precisamente el lugar donde viven; a los investigadores que intentan aportar claridad a tantos temas poco o mal conocidos y a la comunidad, porque el triunfo de los pueblos se logra con el conocimiento y la defensa de sus intereses.

PREHISTORIA - CARACTERES GEOGRAFICOS

La zona que habitamos corresponde a la extensa llanura pampeana, que al norte y este del río Salado presenta ondulaciones a diferencia del resto que se caracteriza por ser una inmensa planicie.
Hace 60 millones de años, en plena Era Cenozoica, aparecieron las hierbas en esta zona. El suelo bastante uniforme y parejo estaba cubierto por una capa de humus que aún conserva una suave inclinación hacia el mar.
El norte, este, centro y sudeste de esta llanura se caracteriza por la abundancia de ríos y arroyos. Se destacan el Salado, el Luján, de las Conchas (Reconquista) y Matanza, con lluvias bastante frecuentes e índices pluviales entre 500 y 1000 milímetros anuales que son el origen de la abundancia de hierbas y pastos.
En tanto en la época de la conquista, estas regiones presentaban una desolada extensión cubierta de pastizales, en la que escaseaban los árboles.
El predominio de planicies, la cercanía con el mar y la ausencia de árboles favorecieron que fuertes vientos surcaran la región, limpiando regularmente el aire por lo que a su influjo los primeros españoles denominaran a la región “buenos aires”.
Estos son: el Pampero, un viento seco y fresco que sopla del sudoeste provocando descenso de la temperatura y aumentando el nivel delas aguas en el Río dela Plata. El otro conocido como Sudestada es un viento oceánico, frío y húmedo, proveniente del sudeste y que cuando sopla durante varios días hace crecer el Río dela Plata inundando su ribera.

PREHISTORIA - CARACTERES GEOLOGICOS

La constitución geológica de la llanura pampeana, se caracteriza por ser un área de hundimiento y acumulación a partir del fraccionamiento de una plenillanura, de edad secundaria, cuyas partes centrales comenzaron a hundirse.(1)

Hacia el período geológico conocido como Mioceno, esta  inmensa llanura se había convertido en un mar de poca profundidad denominado Paranaense. Luego con la sedimentación o la meteorización de las montañas vecinas, llegó a formarse densas capas acumuladas en las zonas hundidas. Esta sedimentación no es homogénea sino que presenta varios niveles o pisos, cada cual representa épocas distintas.(2)
Para su estudio han sido clasificados en dos series:
-el más profundo llamado Araucano el cual resulta  más antiguo, correspondiendo al período Plioceno de la Edad Terciaria.
-el segundo denominado Pampeano, se encuentra ubicado por arriba del Araucano y corresponde al período Pleistoceno de la Edad Cuaternaria. A este corresponden los hallazgos arqueológicos y paleontológicos en la denominada formación pampeana.
Esta formación cubre la llanura central de nuestro país y comienza a muy pocos metros de la superficie del suelo que habitamos, no bien termina la tierra vegetal. Está constituida preferentemente por tierra de color rojizo que a veces se presenta como polvo y que se lo denomina Loess.
Este Loess es de origen fluvial o lacustre y ha llegado a depositarse sobre la superficie del suelo, trasladado por el agua. Pero hay otro Loess de clima seco, transportado por efecto del viento.
Esta diferencia, que se puede observar en la calidad del sedimento, permite reconocer en el período Pleistoceno, la fase glacial o pluvial y la fase interglacial o interfluvial.(3) De este modo las variantes climáticas se expresan a través de la sucesión alternada de sedimentación húmeda y sedimentación seca. Esta formación pampeana se complementa de arenas, cenizas volcánicas y compactos calcáreos conocidos como toscas.
Las capas de sedimentos también llamados pisos forman una serie de cuatro niveles. El más profundo y por ende el más antiguo es conocido como Ensenadense y al igual que el Bonaerense que se encuentra ubicado arriba de este en forma inmediata, pertenecen a la Edad Terciaria. Luego el piso siguiente y hacia arriba es el llamado Chapadmalense que corresponde hacia fines del período Pioceno de la Edad Terciaria.
Más reciente se ubica el piso Lujanense correspondiente al Pleistoceno superior y por último, correspondiente al período geológico reciente corresponde el piso llamado Platense que concluye hacia arriba la serie pampeana.

PREHISTORIA - CARACTERES PALEONTOLOGICOS

La Argentina es uno de los países donde mayor cantidad de hallazgos de restos humanos industriales y fosilizados se han encontrado.
Para el conocimiento de la vida en tiempos prehistóricos, resulta imprescindible, estudiar los testimonios de un pasado remoto, restos óseos, líticos y cerámicos.
Estos restos se hallan bajo la superficie del terreno, por ello para su clasificación y cálculo de antigüedad resulta vital la profundidad en que son hallados.
En el estudio de la estratificación del suelo y de cada capa del mismo donde se encuentran estos restos prehistóricos se puede saber la antigüedad aproximada, como también las características del medio ambiente al cual correspondía (4).
Pisos en la llanura bonaerense. Michenzi, 1996.

(1)    La formación de una Plenillanura es un proceso geológico en el cual la superficie de una llanura es modificada al ser elevada por movimientos internos de la Tierra. Los ríos de origen fluvial aumentan considerablemente su profundidad y tendrán laderas abruptas. En las regiones húmedas como la pampa bonaerense, las vertientes se irán destruyendo, hundiendo su nivel y aplanando nuevamente la superficie. Las corrientes de los ríos se tornan entonces lentas.
(2) El fenómeno de meteorización consiste en una serie de procesos mecánicos y químicos que descomponen las rocas y el suelo. El clima tendrá un rol fundamental. Los cambios de temperatura, las precipitaciones y la acción del hielo son factores mecánicos claves en la meteorización; en tanto la combinación de ácidos débiles del agua con minerales y el dióxido de carbono con agua son entre otros, los factores químicos de este proceso.
(3) Los fenómenos de enfriamiento de la corteza terrestre son conocidos como glaciaciones. El período Pleistoceno se caracteriza por la sucesión de épocas de climas fríos y templados, y sus repercusiones fueron las más profundas sobre la distribución y la evolución de la fauna y la flora. Ello nos permite dividirlo en siete subperíodos consistentes en cuatro glaciaciones y tres interglaciaciones. Esta escala que podemos reconocer principalmente en las rocas, proporciona un sistema cronológico que permite ubicar la antigüedad de los restos hallados, como también recrear el clima al cual pertenecían.


PREHISTORIA - FLORA

FLORA
La llanura pampeana estaba poblada por hierbas de poca altura y se caracterizaba por la falta de árboles. Los españoles testimoniaron la inexistencia de árboles y la presencia de grandes pastizales y juncos en las zonas ribereñas.
El cuadro fitogeográfico correspondía a una inmensa pradera con pastos gramíneos, parajes bajos y húmedos con juncos, cañadas y cortaderas. Parte de ella era una estepa arustiva con jarilla y vegetación xerófila.
En la zona boreo occidental, con temperatura suave y agua abundante las floraciones eran hidrófilas y de ellas las más comunes las herbáceas. De las muy escasas leñosas predominan macachín amarillo, vinagrillo, pasto dulce, etc.
En las inmediaciones de la ribera del Río de la Plata de norte a sur, con suelos arenosos y con bancos de conchillas subfósiles, existieron algunos talas, espinillos, coronillos colorados, a veces el ombú, etc.
En los sitios bajos, cañadas, bañados y los habitualmente anegados por las aguas, las especies más comunes eran: totoras, espadañas, juncos, duraznillos, paja gallo, trébol criollo, aspiltillo, etc.
La flora tipo paranaense se encuentra en los islotes del delta del Paraná y a lo largo del estuario del Plata hasta el cabo San Antonio. Las especies autóctonas eran los cardos y chamicos. Pero las que en su mayoría fueron arrastradas por las aguas desde el Paraguay  y Uruguay eran ceibo, sauce criollo, laurel, palo amarillo, espinillos, cortaderas, etc.

PREHISTORIA - FAUNA

Hace 200 millones de años, a comienzos del período triásico, los mamíferos comenzaron su evolución a partir de reptiles mamiferoides. Los sobrevivientes de la grave extinción ocurrida hacia fines del período cretácico, hace 65 millones de años tenían un peso inferior a los 8 kilos. Tras la desaparición de los dinosaurios y posteriormente durante el cenozoico, hace más de 50 millones de años, los mamíferos se diversificaron recolonizando la Tierra.
Ñandú. Habita en campos abiertos. Su carne era apreciada por los querandíes.
La escasez de gran vegetación en la llanura pampeana impidió el desarrollo de las grandes especies herbívoras, como el dinosaurio. En cambio habitó el smilodon bonaerense, un mamífero carnívoro de cuerpo flexible con grandes garras y fuerte dentadura con caninos largos y resistentes por lo que también fue llamado diente de sable.

Glyptodon. Habitó la zona hace 45 millones de años. Mamífero herbívoro tan grande como un rinoceronte. Se extinguió hace 10.000 años. Su caparazón formada por placas óseas circulares lo protegían del Smilodon. A 300 metros del Río Reconquista se encontró un fósil de Glyptodon que está en el Museo de La Plata. Ilustración: Ciacciarello, 1996.

A 300 metros del río Reconquista se encontraron restos de glyptodon, cuyos fósiles se encuentran en el Museo de La Plata, Buenos Aires y que se extinguió hace 10.000 años. Era un mamífero herbívoro de hasta 4 metros de longitud, semejante a un armadillo gigante. Su caparazón rígido estaba cubierto de placas. La cabeza estaba protegida por un casquete y la cola tenía forma de tubo. Poseía una falange en cuya punta se insertaba una uña que servía para arrancar las raíces que constituían su alimentación principal.
En la época de la conquista ya se encontraban guanaco, vizcacha, zorro, zorrino, liebre, ciervo, venado, gato montés, jaguar a los que los querandíes solían cazar con boleadoras, gato pajero porque improvisaba su guarida entre matas y pajonales, peludo, mulita, carpincho, coipo (nutria), comadreja, perdiz, martineta, pato, ñandú, tero, carancho, chimango, gavilán, lechuza, hornero, zorzal, calandria, jilguero, tordo, torcaza, chingolo, ampalagua, víbora coral, cascabel, de la cruz, lagartija, serpiente, tortuga, sapo, rana y escuerzo.
Las aves se originaron probablemente en algún grupo de reptiles hace 200 millones de años, en el período jurásico de la era Mesozoica siendo los únicos organismos con el cuerpo cubierto de plumas.
La garza blanca es mencionada en 1528 por Luis Ramírez, compañero de Gaboto: “que con ellas se podían henchir tres navíos”. Esta especie era muy abundante a fines del siglo pasado en los grandes cañadones que constituían la zona inundable de Buenos Aires.
Los querandíes cazaban coipos (myocastor) conocidos como nutrias. Los que incursionaban tierra adentro cazaban ñandúes y ciervos pero los que frecuentaban las orillas de los ríos (Reconquista, Riachuelo de los Navíos, Luján y Carcarañá) se alimentaban de peces y nutrias, las que juntamente con venados les proporcionaron pieles para confeccionar mantas. Los españoles encontraron gran cantidad de cuero de coipos sobados a mano en un campamento querandí, tras una escaramuza provocada para obligarlos a suministrarles permanentemente víveres en su primer asentamiento en Buenos Aires.
Además de ciervos, venados, ñandúes y peces,
 los aborígenes se alimentaban también de colpos "nutrias".
 Los españoles encontraron cueros de coipos
sobados en un campamento querandí.
Las mulitas proporcionaron buen alimento a los aborígenes. Una vez cazadas las asaban dentro de su caparazón. En el siglo XVIII el padre Paucke describía la preparación de un tatú: “Después que los indios han deshecho con las boleadoras la cabeza del animalito y lo han destripado, lo colocan cerca del fuego junto con la cáscara y asan primero el lomo y los costados. Ellos hacen con el dedo la prueba si está terminado de asarse, castañetean con la uña o golpetean con el dedo encima sobre la cáscara, si suena hueca ya basta entonces. Luego lo colocan de espaldas y echan brasas enrojecidas sobre el vientre hasta que basta. Luego le arrancan del lomo la cáscara en donde queda una sopita sabrosa que se come con apetito” (Paucke F. “Hacia allá y para acá”).
Smilodon (diente de sable). Mamífero carnívoro de cuerpo
 flexible con grandes garras y largos caninos. 
En el plioceno de las pampas, que se extendió entre 5.000.000 y 1.800.000 años, vivió el protohydrochoerus, un carpincho gigantesco de hábitos  corredores.
El hallazgo de restos fósiles permitió reconstruir la historia evolutiva de los hidroquéridos y establecer que formaron una familia autóctona de América del Sur y originaria de Argentina. Tanto su carne como su cuero eran muy apreciados por los aborígenes pampeanos.
La vizcacha también llegó a integrar la dieta de los aborígenes pero, las vizcacheras constituían trampas en cuya tierra floja solían meter las patas los caballos. Por eso los querandíes cuando adoptaron los caballos diseñaron el tipo de estribo llamado “estribo pampa” que consistía en un simple nudo de tientos o un palito atado por el medio a la estribera sobre los que se afirmaban los dos primeros dedos del pie. Si el caballo rodaba el jinete salía despedido sin quedar enganchado y apretado por el animal.
Los tucu-tucu del género ctenomys, son roedores de las que existen más de cincuenta especies, remontándose su origen desde el período cuaternario hasta el plioceno en el que se encontraron formas extinguidas. Para los indios era un recurso alimentario: los cazaban escarbando con palos en las cuevas o inundándolas con agua para obligarlos a salir y matarlos con un palo con punta de hueso, también los mataban de un hondazo o de un flechazo. Luego sacaban las pieles, tensadas en bastidores de madera y las mujeres las sobaban a mano para flexibilizarlas con lasque hacían capas y quillangos que resultaban muy abrigados.
Mastodonte. Mamífero ptoboscideos que habitó la  zona hace 20 millones de años. De tamaño casi el doble de los elefantes, dos incisivos prolongados y dos más cortos.  Ilustración:  Ciacciarello, 1996.
El ñandú que es el ave más grande de nuestra pampa alcanza hasta 1,40 m de altura. Habita preferentemente en campos abiertos de pastos altos o matorrales que le permiten ocultar su cuerpo a los depredadores y visualizarlos fácilmente gracias a su largo cuello y visión. Los querandíes, utilizaban las boleadoras corriendo a la par del animal hasta cansarlo. Cuando incorporaron el caballo organizaban cacerías colectivas rodeando a las tropillas de ñandúes para derribarlos con las boleadoras. También incendiaban pastizales corriéndolos hacia lugares donde los aguardaban armados de lanzas, mazas o flechas.
Facsímil Diario Popular del 8-5-1994. Personal del Museo de Merlo y del Museo de La Plata realizaron hallazgos de restos fósiles prehistóricos.  (Archivo Museo de Ciencias Naturales de Merlo).
En tanto el gato montés que también habitaba la zona, con la llegada de los españoles se refugió en las Sierras de Tandil y de la Ventana.
Megatherium. Extinguido hace 10.000 años. Caminaba lentamente en cuatro patas, se levantaba sobre sus patas traseras. Las mandíbulas alojaban una larga lengua que utilizaba para sujetar hojas. Se erguía para alcanzar las copas de los árboles y con las garras largas de sus manos reunía las hojas. Ilustración: Ciacciarello, 1996.

PREHISTORIA - CORRIENTES DE POBLAMIENTO Y HABITANTES PRIMITIVOS

El poblamiento primitivo de América se llevó a cabo sobre la base de distintas corrientes provenientes de Asia y más recientemente de Oceanía ya que el hombre no es originario de América.
Estas corrientes de poblamiento se conformaron con infinidad de individuos en el transcurso de miles de años que en sucesivas oleadas migratorias se fueron distribuyendo por territorio americano.
La zona que ocupa nuestro país, al igual que el resto de América o como sucediera en Europa, conoció poblaciones con distintas etapas de desarrollo cultural; ellas son las correspondientes al paleolítico superior, mesolítico, neolítico y el período conocido como el de las primitivas civilizaciones. (5)
En la Argentina prehistórica se desarrollaron los mismos tipos raciales y períodos culturales que en el resto de América.
Las poblaciones de origen paleolítico en Argentina fueron tres, pudiéndose calcular su antigüedad a través de los restos arqueológicos hallados en 10.000 años aproximadamente.
Los huárpidos hacia el oeste, patagónicos al sur, láguidos al norte.
En las poblaciones de origen mesolítico, es decir, aquellas que iniciaban prácticas agrícolas, se encontraba el grupo racial fueguido con una antigüedad de 4.000 años aproximadamente, ubicados en el extremo sur del continente.
La presencia de poblaciones culturales pertenecientes al neolítico, del grupo racial conocido como asilidos, son más recientes pudiendo calcular su asentamiento en las zonas del río Paraná y chaqueñas, hacia 1.000-1.500 años antes de nuestra era.
Finalmente, los portadores de las primeras civilizaciones, el grupo racial andino, ocupaba lar región andina y tuvo origen con las migraciones provenientes de Polinesia. Fueron los que desarrollaron las altas culturas en América del Sur hacia el segundo milenio antes de Cristo, destacándose principalmente en la región andina del Perú.

5         Paleolítico: se divide en 3 períodos: inferior, medio y superior. Es el estadio cultural más primitivo, comienza hacia el fin del cuaternario y se caracteriza por el nomadismo de tribus dedicadas principalmente a la caza, pesca con herramientas y armas realizadas con huesos y piedras.
Mesolítico: Este período es el considerado como transición entre el paleolítico y el neolítico. Se inician las prácticas de agricultura y coincide con un clima templado. Continúa el tallado de la piedra con las mismas técnicas del paleolítico superior; se insinúan los primeros ensayos del pulido de la piedra y las manifestaciones artísticas se reducen a motivos decorativos pintados sobre guijarros, formados por puntos o trazos.
Neolítico: es la primera revolución que transforma la economía humana ya que dio al hombre el control en el abastecimiento de sus alimentos. Comenzó la siembra, cultivo y mejoramiento por selección de hierbas, raíces, arbustos, etc.
Se logró domesticar a ciertas especies animales y unirlas al hombre en la medida que este pudiera darle protección y alimentos. Se desarrollaron economías basadas en el cultivo de cereales que al igual que la ganadería permitía la participación de todos los sectores dela comunidad, no así como en la caza.
Se conforman grupos sedentarios cada vez más grandes y de este período es el uso del hacha, telar y desarrollo de la alfarería.

PREHISTORIA - RIO RECONQUISTA

El Reconquista es un río que excava su cauce en la llanura pampeana, en la zona denominada ondulada. Es un terreno sedimentario de origen  geológico platense, caracterizado por abruptas barrancas y una dilatada terraza.
El agua corre erosionando el terreno blando a su alrededor, dejando al descubierto grandes masas de tierra y piedras. Estas convertidas en pequeños trozos son arrastradas por la corriente y depositadas en el lecho del río.
Los depósitos en las orillas terminan por hacerlas más altas que los terrenos más alejados. Su aspecto es variable y depende fundamentalmente de la consistencia del suelo a través del cual corre.
En épocas normales del río es de un cauce mínimo, pero después de intensas lluvias conforma una corriente de gran caudal de agua.
El río Reconquista pertenece a la Cuenca del Plata y tiene su nacimiento en la confluencia de los arroyos La Choza y Alvarez (partido de General Rodríguez), recibiendo como afluente importante el arroyo El Durazno y en su curso de aproximadamente 48 km también tributan otros arroyos como: Las Catonas, Morón, Horqueta, Basualdo, Saladero, Torres, Gómez, Del Sauce. Su desembocadura permite la unión con el río Luján y el caudal de estos ingresa en los ríos Paraná y de la Plata.
Conocido desde los primeros repartos de tierras realizados por Juan de Garay en la segunda fundación de Buenos Aires, como río de Las Conchas, conservó su nombre hasta el 1º de julio de 1954 fecha en la cual fue modificado por el actual. Ello se debió en homenaje a la reconquista de la ciudad de Buenos Aires, en la cual las tropas encabezadas por Santiago de Liniers desembarcaron en su desembocadura y marcharon hacia Buenos Aires para enfrentar la invasión de los ingleses.
En cuanto al nombre de Las Conchas dado por los primeros conquistadores obedeció a la gran cantidad de estos moluscos que se encontraban en sus orillas.
Abundaba la vegetación hidrófila y en concordancia con los depósitos de conchillas, crecían algunos talas, ceibos y junto a la ribera algunos sauces. Sus aguas eran claras y vivían varias especies de peces similares a las del río Paraná. También era hábitat para nutrias, tortugas, culebras, lagartos y demás animales de llanura.
El cauce del río y particularmente sus orillas constituyen importantísimos yacimientos arqueológicos poco explorados.
Se han encontrado restos fósiles de animales prehistóricos como: smilodon, glyptodon, mastodonte, megaterio entre otros y restos cerámicos de culturas querandíes. Estos últimos se encuentran especialmente en la ribera correspondiente al Municipio de Ituzaingó, por ser las más altas entre su nacimiento y desembocadura.

ABORIGENES. POBLADORES

Los querandíes formaron parte del grupo aborigen que los españoles denominaron por su hábitat pampas y que significa tierras llanas.
Varios grupos constituían los pampas teniendo en común una geografía, una tradición, modos de vida y una lengua.
Recién hacia 1950 comenzó para los científicos argentinos el proceso de esclarecimiento de la situación etnológica de los aborígenes pampas.
Se pueden diferenciar dos grandes grupos en los pueblos pampas:
1. Los de occidente que ocupaban la pampa seca y que se llamaban a sí mismos “ditahet”.
2. Los de oriente que ocupaban la pampa húmeda y que se llamaban a sí mismos “taluhet” cuyo grupo más conocido fue el de los querandíes.
Otra denominación que usaron los españoles fue llamar Pampas de Córdoba a los de occidente y pampas de Buenos Aires a los de oriente.
Los aborígenes llamaban a los oriente en su propia lengua “carayhet” que significa pampas adherentes a los españoles. Hoy se sabe que la terminación “het” significa gente y “caray” la deformación de Garay.
Se considera que habría una lengua común a los pampas, aunque tal vez dos dialectos: uno de oriente y otro de occidente.

ABORIGENES. QUERANDIES


QUERANDIES
La información que se tiene de los querandíes surge de los estudios arqueológicos-antropológicos de vital importancia por su cantidad y calidad y los que resultan del análisis de los documentos del período colonial como también en los numerosos testimonios de los conquistadores.
Sin embargo, en el primero de los casos el desarrollo científico es reciente, encontrando la dificultad que al ser un pueblo nómade no presenta lugares de alta concentración de restos óseos y culturales.
El Río Las Conchas (Reconquista) les proporcionaba 
uno de sus principales alimentos: el pescado. 
Ilustración: Elizalde, 1996.

En el segundo de los casos, respecto a los documentos aportados por los españoles hay dos limitaciones principales que deben ser consideradas: una es la parcialidad con la que fueron elaborados y la otra es que se testimonia fundamentalmente el momento en el cual fueron escritos.
Se registra la presencia de los españoles en el Río de la Plata por las expediciones de Juan de Solís en 1516, que fuera el primer español en llegar a estas tierras y descubridor del Río de la Plata el cual fue conocido inicialmente como Río de Solís y posteriormente como Mar Dulce. Sin embargo esta incursión terminó en un rotundo fracaso con la muerte del descubridora manos de los aborígenes (documentos 1 y 2).
Una segunda presencia se encuentra en el viaje de circunnavegación del planeta que realizó Hernando de Magallanes recorriendo las costas bonaerenses hacia 1520.
En1526 la expedición de Sebastián Gaboto realizó las primeras incursiones tierra adentro estableciendo una fortaleza a orillas del río Carcarañá (Santa Fe) y para 1536 la corona de Castilla designó a don Pedro de Mendoza como primer adelantado del Río de la Plata con la misión de establecer un asentamiento permanente que favoreciera la navegación y comunicación de estas tierras con España. Las condiciones desfavorables que tuvieron que afrontar los conquistadores –intrigas, hambrunas, enfermedades y hostilidades de los aborígenes- determinaron el abandono de esta empresa.
Sin embargo fue con la expedición de Juan de Garay y la segunda fundación de Buenos Aires en 1580 que se concretó el establecimiento definitivo de los españoles en este territorio y el primer reparto de tierras entre sus hombres. Hacia el oeste resultó beneficiado Juan Ruiz de Ocaña quien luego se destacó comandando las huestes conquistadoras que enfrentaron a las tribus querandíes en el río de la Matanza.
Querandí en guaraní significa hombre con grasa debido a que se 
recubrían con grasa de los animales que cazaban como una forma 
de combatir el frío. Además, usaban las pieles para vestimenta y construcción 
de sus tiendas por lo que despedían un olor característico que los 
diferenciaba de los guaraníes de hábitos más vegetarianos. 
Ilustración: Horacio Ciacciariello, 1996.

Es de hacer notar finalmente que las expediciones mencionadas tenían como propósito encontrar una ruta que uniera el Virreynato del Perú con un puerto de ultramar en el Río de la Plata. Para ello los conquistadores debían partir desde Buenos Aires hacia el norte buscando la ruta adecuada. Pero este objetivo fue cumplido por Garay recorriendo un trayecto inverso, partiendo de Asunción y dirigiéndose hacia el sur fundando ciudades como sucediera con Buenos Aires por segunda vez en 1580.

DOCUMENTO 1. Fernández de Navarrete, Martín. Colección de viajes y descubrimientos.…”allí toma Solís posesión de todo para la corona de Castilla; y de acuerdo con sus compañeros entraron en una gran abra o abertura, que por ser tan espaciosa y el agua no salada llamaron Mar Dulce, y pareció luego ser el río que se apellidó Solís, y hoy se llama de la Plata. Dentro de él reconoció el mismo capitán con una carabela latina la entrada por la costa más próxima, y fondeó frente a una isla mediana que fijó en treinta y cuatro grados cuarenta minutos.En las riberas había casa de indios, y se observaba que muchos embelesados veían pasar la carabela ofreciendo con señas lo que tenían.Quiso Solís reconocer el país y tomar algún hombre para traerlo a Castilla. Bajó a tierra acompañado de algunos otros con este objeto, y los indios, que tenían emboscados muchos flecheros, cuando los vieron desviados del mar, dieron en ellos, mataron a Solís, al factor Marquina, al contador Alarcón y a otras seis personas, a quienes cortaron las cabezas, manos y pies y asando los cuerpos enteros se los comían con horrenda inhumanidad. Esto aconteció dentro del río junto a la isla que llamaron de Martín García, situada en la costa del sur”.
DOCUMENTO 2.Fray Bartolomé de las Casas. Historia General de las Indias.
…saltó el dicho Juan de Solís con ciertos marineros los que pudieron caber en la barca o batel del navío en que iba, en cierta parte de aquella costa, los indios lo mataron y díjose que los comieron. Yo no sé como pudieron ver que los habían comido, pues no osaron parar los demás por aquella tierra, si quizá no los comieron en la misma costa de la mar y que desde los navíos los vieron”.

La expedición de Gaboto estableció la fortaleza en la desembocadura del río Carcarañá en Santa Fe, en tierras habitadas por querandíes y guaraníes. Por ello Gaboto tomará el nombre QUERANDIES que los guaraníes daban a sus vecinos pampas, como forma de identificación y por ello se incorpora esta denominación al lenguaje del conquistador a partir de las crónicas y documentos de la época.
El significado de la palabra querandí en guaraní es “hombre con grasa” debido a que éstos se recubrían con la grasa de los animales que cazaban como una forma de combatir el frío. Además usaban las pieles tanto como vestimenta como para la construcción de sus tiendas, por lo que no es de extrañar que despidieran un olor característico que los diferenciaba notoriamente de los guaraníes, sedentarios, agricultores y de hábitos más vegetarianos.
El nombre pampa, cuyo significado es tierra llana,
 fue dado por los españoles a los pueblos aborígenes que 
habitaban la amplia extensión de territorio comprendido 
entre el Océano Atlántico, el río Carcarañá, las sierras de Córdoba, San Luis 
y las sierras bonaerenses. Uno de sus principales grupos, 
el querandí, de características nómades habitaba el sector de 
la pampa húmeda siendo los primitivos pobladores de 
Ituzaingó antes de la llegada de los españoles.

Habitaban desde el Atlántico por el este hasta los ríos Desaguadero y Salado al oeste. Desde las sierras de San Luis y Córdoba (Río Tercero –Río Cuarto) al norte hasta las sierras de Buenos Aires al sur.
Poblaban una extensión considerable del área que sumado a la permanente movilidad de estas tribus permiten suponer la existencia de varios grupos que formaban parte de la nación pampa.
El padre jesuita Ovalle quien conociera estas llanuras personalmente, a mediados del siglo XVII, relata con un lenguaje muy personal en su publicación “Histórica relación” acerca del nomadismo que practicaban los aborígenes pampa: “juzgan por el mayor bien de todos el absoluto y libre albedrío. Vivir hoy en este lugar, mañana en el otro, ahora me da gusto gozar de la ribera y frescura de este río, y encansándome de él paso a otro; quiero vivir un poco en los bosques y soledades y en dándome gusto sus sombras salgo a los alegres prados y valles; aquí me entretiene la caza, allí la pesca; aquí gozo de las frutas que lleva esta tierra, y en acabándose me paso a otra donde comienzan a madurar los que ella lleva; voy donde quiero sin dejar en ninguna parte prenda queme tire, que suele ser espina que de lejos atormenta; no tengo malas nuevas porque no dejo atrás cosas que pueda perder; conmigo llevo todo y con mi mujer y mis hijos que me siguen donde voy no me falta nada”.

ABORIGENES. QUERANDIES. SU ADAPTACION AL MEDIO

CARACTERISTICAS DE SU ADAPTACION AL MEDIO
Su aspecto físico se destacaba por su alta estatura, su cabeza alargada, alta y maciza. Se parecían a los patagones aunque es de hacer notar que la estatura de los aborígenes descendía a medida que se avanzaba de sur a norte.
El cronista español Fernández de Oviedo escribe en base al testimonio del acompañante de Gaboto, don Alonso de Santa Cruz, que los querandíes eran gente robusta, morena y “mayores que los alemanes”.
Pero más allá de las diferencias que tenían los pampas entre sí, poseían una antigua procedencia en común, al igual que un estilo de vida y tradiciones similares y probablemente, su lengua provenía de un origen común.
En el aspecto religioso reconocían un dios supremo que denominaban “Soychu” con el cual se encontraban al morir. Por eso, a los muertos los llamaban “Soychuhet” (gente de dios) y una divinidad maligna que denominaban “Gualichu”.
La interpretación de las señales divinas y la invocación a lo supremo estaba a cargo del “shaman” o mago al cual también correspondían las prácticas curativas.
De las prácticas funerarias se conoce poco, pero por hallazgos arqueológicos correspondientes a grupos pampas de occidente con un pasado y tradiciones comunes se deduce que estas serían similares y consistían en el entierro del cuerpo y su posterior exhumación un año después para separar los huesos del resto y conservarlos.
Las viviendas eran paravientos construidas con palos y con cueros de animales. 
Las armaban y desarmaban con gran facilidad. Ilustración: Michenzi, 1996.


DOCUMENTO 3:“…todos lloran al difunto aun no siendo parientes, veinticuatro horas y se repelan los cabellos. Al año se juntan otra vez, le desentierran y por ser el lugar húmedo aún tiene la carne. El cirujano o anatomista le limpia los huesos que seca al sol y luego los pinta de colorado, amarillo y otros colores, y la carne entierran. Si por  alguna circunstancia un perro la descubre este es muerto. Los huesos pintados se ponen en una bolsa de pellejo de varios colores y los cubren con la mejor ropa que tienen, y el padre o pariente trae el mejor caballo que se mata y reparte entre todos los que lloran, repelándose la cabeza y pintándose de negro y coloreando la cara. Luego ponen los huesos en alforjas pintadas y sobre un caballo los llevan a una casa junto al hábitat, que es siempre la primera construcción cuando se mudan”. (A. Serrano, Los primitivos habitantes del territorio argentino, en Los indios de Buenos Aires, de Daniel Conlazo).

Con la llegada de los españoles conocieron el caballo y el vacuno, los cuales se incorporan a su estilo de vida (ganado cimarrón) y que se habían extendido por toda la llanura circundante.
Se calcula que entre la primera y segunda fundación de Buenos Aires, los animales abandonados por Mendoza alcanzaron, a la llegada de Garay, las 100.000 cabezas.
Es en este período de 40 años precisamente, la incorporación del caballo a la vida del aborigen.
Estos pueblos de vida nómade que se alimentaban de lo obtenido por la caza y pesca cambiarán con el uso del caballo sus prácticas de supervivencia.
La alfarería, si bien rudimentaria, era practicada por los querandíes pero para esta época de contacto con el español y la llegada del caballo a América, será sustituida por la cestería, con tejidos bien tramados. También fabricaban redes para pescar.
La caza del venado, su principal presa, se realizaba a pie hasta cansar al animal y con la ayuda del uso de boleadoras.
Los grupos respondían a jefes o caciques y con el nombre de éstos se los individualizaban, no existiendo mayores diferencias sociales. Los grupos eran de cantidades considerables y se trasladaban periódicamente de una región a otra en busca de alimentos participando de esta actividad toda la tribu.
Se calcula que en el siglo XVI la cantidad de querandíes alcanzaría los 12.000 individuos, en tanto el pueblo guaraní, de una cultura sedentaria (agricultores) llegarían a 30.000.
Las excavaciones arqueológicas realizadas en Fontezuelas y Arrecifes permitieron hallar restos líticos y de alfarería de gran importancia, pero no centros de asentamiento o enterratorios.
Sus paraderos eran las cercanías de los ríos (riachuelo de Los Navíos, de Las Conchas, Carcarañá y río Luján) y los parajes donde cazaban.
Sus viviendas eran precarios paravientos realizados con palos y cueros. Estas al principio eran de venados y luego de cueros de caballo. Se armaban, desarmaban y trasladaban con suma facilidad.
Se alimentaban con peces, moluscos fluviales, animales salvajes, maíz, frutas y después del año 1540 con vacunos. En épocas de abundancia de langostas, también era común la quema de pastizales para obtenerlas tostadas como alimento.
La vestimenta era confeccionada también con cueros y con fibras vegetales. Consistía en una “pampanilla” que cumplía la función de taparrabos y un “pellón” que era una larga capa de uso común entre los aborígenes de la Patagonia.
Respecto a su origen, desde el siglo pasado, se desarrollaron distintas teorías. Diversas corrientes consideraron que provenían de araucanos, guaraníes, guaycurúes, tehuelches y actualmente, como se ha fundamentado, resulta más firme considerar que su origen fue de pueblos pampas no araucanizados.
Los querandíes meridionales fueron exterminados rápidamente en los primeros choques con los españoles. Un enfrentamiento destacado por su magnitud y crueldad y celebrado en los documentos del conquistador, es el que tuvo lugar en 1583 entre Juan Ruiz de Ocaña y la tribu del cacique Telomian Condie, en el riachuelo de Los Navíos a 24 kilómetros de su desembocadura.
Su carácter nómade los hacía resistentes al sometimiento, reacios a la encomendación y a la vida sedentaria que pretendían los españoles alejándose, paulatinamente, de Buenos Aires y del contacto con el hombre blanco, recluyéndose hacia el norte en la zona chaqueña y hacia el oeste en las serranías de Córdoba; mezclándose con pueblos de origen araucano con los cuales tenían puntos de encuentros culturales y estilos de vida, lo cual contribuyó, posteriormente, a generar cierta confusión en cuanto a su origen.
En el siglo XVIII sufrieron un proceso de araucanización con culturas provenientes de Chile. Esto será conocido por el hombre blanco en las campañas al desierto de Rosas y de Roca y en las incursiones al interior en busca de sal o cueros (vaquerías).
Los vecinos de Buenos Aires, Córdoba y San Luis los seguían llamando pampas pero desconocían la araucanización que sufrían. La sustitución ética era gradual y la identificación de los grupos aborígenes era por el nombre del  cacique.
Las armas y herramientas, óseas y líticas, que usaban tanto para la caza como para la guerra  estaban constituidas por: flechas, dardos, bola perdida, hondas, lanzas, boleadoras, cuchillos y raspadores.
Es de hacer notar que los españoles lo empujaron a la guerra ya que habían recibido a Mendoza primero y Gaboto después con gran hospitalidad según lo testimonia Ulrico Schmidl, cronista e integrante de la expedición que fundó Buenos Aires en 1536: “…ahí hemos encontrado en esta tierra un lugar de indios los cuales se han llamado querandíes. Ellos han sido alrededor de tres mil hombres formados con sus mujeres e hijos y nos han traído pescado y carne para comer…” Su aprecio por la vida quedó testimoniado por el padre Lozano: “…por cada pariente que se muere se cortan sus deudos el antejo de un dedo y persiguen al hechicero que es su médico, porque siempre creen que vino la muerte por maleficio suyo y no paran hasta que le privan la vida…”
En la llanura argentina abundó durante siglos el venado y los querandíes se especializaron en su caza que era a pie ya que desconocían el caballo corriéndolos, hasta cansarlos. Eran grandes caminadores y en su desplazamiento cubrían grandes distancias bebiendo la sangre de venado para combatir la sed.
Schmidl refiere: “…ellos tiran esta bola alrededor de las patas de un caballo o de un venado de modo que tienen que caer…”.
Dice, además, que encontraron “…mucho pescado y harina de pescado…”.
Gaboto relatará posteriormente, ante las Cortes en España que los querandíes se negaron a acompañarle en la búsqueda del mítico rey blanco en tierras peruanas porque creían que los españoles “…no podían sufrir el trabajo del camino porque en jornadas de ocho horas no fallaría agua…”, en cambio “…ellos se sufrían dos o tres días aya beber e cuando bevía  era sangre de venados que matavan para este efecto…”
Luis Ramírez, soldado de la fortaleza de Gaboto a orillas del Carcarañá, en su carta del 10 de julio de 1528 menciona: “gre porque su principal mantenimiento es a la causa de ser la tierra muy falta de agua…”
En tanto, las crónicas de Fernández de Oviedo mencionan que eran cazadores de venados muy veloces… “y son tan sueltos que los toman por los pies…”. Por su parte testimonia Luis Ramírez en sus cartas que “estos querandíes son tan ligeros que alcanzan un venado por los pies…”

1536-1810. CONQUISTA Y COLONIZACION

Los años que siguieron al primer viaje de Cristóbal Colón en su búsqueda de una ruta marítima que uniese Europa con Asia y que finalizara con el descubrimiento de un nuevo continente, tuvieron         una trascendencia reveladora, mística, en la España del siglo XV y principios del XVI y que el cronista de Indias, López de Gomara, lo sintetizara como “la mayor cosa desde la creación del mundo, sacando la encarnación y muerte del que lo creó, es el descubrimiento de este nuevo mundo que Indias se llama”.
A principios del siglo XVI ya conocido el continente americano en su vastedad, muchos españoles mayoritariamente de pocos recursos, emprendieron en el nuevo mundo una vida de conquista, procurando enriquecerse rápidamente y alcanzar un prestigio y poder que jamás detentaron en su tierra natal.
El descubrimiento del Río de la Plata por Juan Díaz de Solís en 1516, la expedición de Cortés en México en 1519 y las noticias sobre la existencia de grandes yacimientos e imperios ricos en metales preciosos, hicieron de estos viajes empresas atractivas para la ambición del conquistador europeo.
El Centro de Ciencia y Arqueología del Museo 
de Ituzaingó efectúa prospecciones en la ribera del río 
en la zona de Puente Márquez en busca de fósiles,
 vida aborigen y restos de la batalla de 1829.

La navegación por estas lejanas costas del marino portugués Hernando de Magallanes –al servicio de la corona de España-, permitió descubrir el paso interoceánico que lleva su nombre y pocos años después, en 1526, Sebastián Gaboto en busca del mítico país del rey blanco remontó el río Paraná y fundó el fuerte Sancti Spiritus, contribuyendo a fomentar el atractivo por las riquezas y el ascenso social rápido de una sociedad española que con el descubrimiento del nuevo continente alcanzó su esplendor económico y militar.
La conquista del Perú en 1532 y las innumerables noticias de fabulosos tesoros precedieron la llegada del adelantado don Pedro de Mendoza al Río dela Plata y con él la primera fundación de Buenos Aires en 1536. Sin embargo esta aventura que requirió casi el doble de hombres que los utilizados por Cortés y tantas pérdidas equivalentes a la conquista de México y Perú juntas, finalizó en un estrepitoso fracaso con una ciudad abandonada por la hambruna. (1) y (2)
El asiento fundado por Mendoza fue trasladado por Irala en 1541 a Asunción, para estar más cerca de las tierras de la plata en el cerro Potosí y continuar la conquista. (3)

(1) En la expedición militar de Pedro de Mendoza participaron aproximadamente 1.200 hombres, frente a los500 que requirió Cortés para someter a los aztecas en México, o los 100 de Pizarro para doblegar a los incas del Perú. A pesar de ello Mendoza no pudo establecerse en las tierras del Plata aunque la frustrada aventura produjo en la pampa y norte argentino, la baja de la mitad de sus hombres, cifra superior a la registrada en la conquista de Perú y México juntos.
(2)  La denuncia de la práctica de la antropofagia por parte de los aborígenes americanos, fue utilizada con insistencia por los cronistas y propagandistas de la conquista. Tan horrendas costumbres justificaban la conquista por parte del hombre blanco, en un continente como el europeo que aún no se sobreponía de su asombro ante la existencia de “un nuevo mundo”. Sin embargo para esta época, el canibalismo no resulta comprobable en las civilizaciones cruelmente sometidas por el español. Recordemos que en el Río de la Plata los relatos sobre la muerte de Solís devorado por indios, fue puesto en duda por el mismo Fray Bartolomé de las Casas (ver documentos 1 y 2), en tanto el cronista Ulrico Schmidl describe como la hambruna de los hombres de Mendoza llevó a que se comieran los cuerpos de los desafortunados expedicionarios muertos antes. Estos hechos que sí involucran al hombre civilizado y evangelizador pasaron poco difundidos hasta el presente.
Buenos Aires fundado por Pedro de Mendoza.
 Según Schmidel era en 1536 un campamento rodeado por 
el peligro indígena. (Ulrico Schmidel 1536)

(3) Varios fueron los interesados por realizar la expedición al Río de Solís como se llamaba por entonces al Río de la Plata. Pero el Acta de Capitulación firmada por el rey Carlos V en Toledo en 1534, por el cual se designaba adelantado con los gastos de la expedición a su costa, recayó en don Pedro de Mendoza. Este hombre nacido a principios del siglo XVI en Granada y perteneciente a una familia de ilustre ascendencia acompañó desde muy joven al rey como paje. Su inexperiencia en actividades de armas la suplió con una sólida herencia y una vida en las cortes que le posibilitaron organizar una expedición acorde para “conquistar y poblar las tierras y provincias que hay en el Río de Solís que llaman de la Plata, donde estuvo Sebastián Caboto y por allí calar y pasar la tierra hasta llegar a la mar del sur”.
No menos importante que la búsqueda de metales preciosos resultaba establecer un puerto interoceánico que permitiera,  a través de ríos y tierra adentro, comunicarse con el Virreynato del Perú y también establecer un asentamiento definitivo ante las pretensiones portuguesas en la zona. Pero fue desde el Perú que tuvo lugar la expansión territorial al sur tanto hacia Chile como Tucumán, en busca de nuevas tierras ricas en metales y procurando alcanzar una vía de comunicación más adecuada para trasladar las inmensas riquezas a España.
Por ello la expedición de Mendoza tuvo la importancia fundamental de establecer un puerto en el Río de la Plata. No menos importancia alcanzó haber aportado el primer contingente significativo de pobladores, incluyendo mujeres y también caballos y vacunos. Estos últimos en el período comprendido entre la partida de Mendoza y la segunda fundación por Juan de Garay en 1580 de la ciudad de la Santísima Trinidad, alcanzaron una proporción enorme al criarse libremente en la llanura pampeana. Su presencia en la expedición de Mendoza, al igual que la gran cantidad de hombres que integraban su fuerza, remarca  el carácter guerrero de la empresa, que pretendía establecer su supremacía sobre el aborigen americano. De esta fecha data el enfrentamiento de Corpus Christi entre los invasores y los orgullosos querandíes.
En el contingente de Mendoza venía un mercenario bávaro, Ulrico Schmidl que se destacó por escribir la primer crónica del Río de la Plata. En ella describió pormenorizadamente los sucesos de la frustrada expedición.
Resultan valiosísimos sus relatos acerca del contacto con los querandíes: “Hemos encontrado allí en esta tierra un pueblo de indios llamados carendis, eran unos tres mil hombres con sus mujeres y sus hijos. Nos trajeron pescado y carne para comer…”
Con la segunda fundación de Buenos Aires se concreta el objetivo dela corriente conquistadora que proveniente del norte pretendía establecer un puerto de ultramar. Así se lo manifestó Garay en una de sus cartas al rey con la expresión “abrir puertas a la tierra”.
A fines de junio de 1536 los querandíes atacaron a Buenos Aires 
e incendiaron casas y naves. (Ulrico Schmidel 1536)

De esta forma, en las postrimerías del siglo XVI la conquista llegaba a su fin, dominando la corona de España territorios que iban de México al norte hasta el Paso de Magallanes al sur, con un poder político, militar y religioso sólidamente establecido e iniciando un nuevo proceso, esta vez el de colonialización de las nuevas tierras americanas.
Como hemos visto, el territorio argentino al igual que todo el territorio americano, estuvo habitado por pueblos autóctonos mucho antes de la llegada de los europeos. Particularmente en la llanura bonaerense la llegada de los españoles fue recibida por aborígenes querandíes a los cuales también les tocó “descubrir” una nueva civilización, en este caso de hombres blancos, aunque tal descubrimiento no tuvo el carácter revelador que por entonces se le dio en Europa al nuevo continente. La humildad y hospitalidad del hombre americano pronto sucumbióante la fuerza destructiva de los nuevos pobladores.(4)
(4) Al respecto, el padre Juan Presas rescata de las actas del Cabildo de Buenos Aires que “la gran cantidad de indios alterados, salteadores y fugitivos que están alzados en jurisdicción de esa provincia y puerto, y otras partes a ellos circunvecinos, dando lugar a muchos daños y muertes de españoles” por la cual el Procurador General solicitó a la autoridad resuelva “sobre el castigo que se debe hacer a los indios serranos que acostumbran venir a esta jurisdicción y estancias, donde han hecho diferentes robos y muertes”.

1536-1810. JUAN DE GARAY Y LOS PRIMEROS REPARTOS DE TIERRAS EN LA ZONA OESTE

Con la segunda fundación de Buenos Aires en un lugar muy próximo al que lo hiciera Pedro de Mendoza, Garay procedió al reparto de tierras entre sus compañeros. También señaló la ubicación de la plaza, sitios públicos y procedió a la designación de las autoridades acorde al procedimiento establecido en las leyes y tradiciones castellanas.
El reparto de tierras en chacras y estancias abarcó un territorio comprendido al norte por  la desembocadura del Río de las Conchas y hacia el sur el actual pueblo de Magdalena; hacia el oeste los que luego serían los pagos de Luján, Matanza y Las Conchas. (5)
A don Gonzalo Martel de Guzmán le tocaron tierras desde la boca del Río de la Trinidad hasta el Riachuelo de las Conchas y por tierra adentro una legua y media. (6)
En la zona de Morón recibió tierras por vez primera Juan Ruiz en un total de tres mil varas de frente en los pagos de Luján. Fue la primer merced de tierras en la zona oeste y por el testamento de quien fuera su esposa doña Bernardina Guerra, con fecha 1638 sabemos que le correspondió: “Una suerte de tierra para estancia en la jurisdicción de esta ciudad en la cañada que dicen de Juan Ruiz por media legua de frente y con una legua de largo hacia la ciudad”. Estas tierras que incluían la Cañada de Juan Ruiz, actual arroyo Morón, pasaron en los años siguientes por sucesión a sus hijos y finalmente a la Compañía de Jesús. (7)
Fue Juan Ruiz el primer molinero de Buenos Aires y también de los primeros encomenderos luego de la derrota en 1583 del cacique Telomian Condie, a orillas del Riachuelo de los Navíos a cuatro leguas de su desembocadura en el Plata.
La cercanía del camino real y la existencia de un oratorio 
impulsó a don Francisco Merlo en 1738 a gestionar la 
fundación de un pueblo que primero se llamó 
Villa de San Antonio del Camino y posteriormente Merlo. 
(Michenzi 1996)

En las suertes otorgadas por Garay y sus sucesores se destacó la necesidad de desarrollar la labor agrícola, en especial el cultivo del trigo. Estos se realizaron fuera de la traza del área urbana, es decir en chacras y estancias.
En este período la producción triguera era escasa, a tal punto que se traía de Córdoba, Tucumán e incluso se importaba.
(5) La designación con el nombre Río de las Conchas surge por primera vez en estos documentos de repartos de tierras y tenía origen en una “gran multitud de conchas que realmente se crían en sus orillas”.
(6) Vara es una unidad de longitud equivalente a 0,83 metros, en tanto legua equivale a 5.572 metros.
(7) Juan Ruiz, nacido en Asunción fue un soldado destacado en la expedición de Juan de Garay y era hijo de otro conquistador, Juan Ruiz de Ocaña, que había llegado a América en la expedición de Pedro de Mendoza.

1536-1810. LOS PRIMEROS ASENTAMIENTOS EN MORON Y MERLO

Una de las primeras preocupaciones de las autoridades fue garantizar la defensa de la ciudad. Por ello se la circundó militarmente aprovechando los relieves del terreno y utilizando las alturas de las lomadas para establecer guardias, que en simples fortificaciones con mangrullo, dieran la voz de alerta ante la presencia en las cercanías del poblado, de los temibles e indómitos aborígenes.
Fue entre 1600 y 1614 como demostró el historiador José Torre Revello que durante la gestión del gobernador Hernandarias, en la zona de Morón se levantó un destacamento militar. Instalado sobre una loma o “morón”, con el transcurso del tiempo perdió importancia ya que la línea de frontera se fue ampliando constantemente, dando paso poco después, a una posta que fue la primera a la salida de Buenos Aires y que funcionó junto al arroyo y fortín.
Pronto el fortín y posta como se conoció a Morón, se complementó con una ermita que consagrada a la Virgen Inmaculada del Buen Viaje, congregó a numerosos paisanos, viajeros y peregrinos. (8)
Hacia 1865 el capitán Diego Morón recibió una fracción de tierras próximas a la  Cañada de Juan Ruiz, y sus hijos alrededor de 1710 instalaron junto al arroyo un molino o atahona. Este alcanzó gran popularidad en la zona por lo cual algunos estudiosos, como el padre Juan Presas, llegaron a afirmar que el nombre del poblado de Morón tendría origen en esta familia.
En 1754 en La Matanza, se produjo el último malón que tuvo lugar en la zona. Don Cristóbal Cabral de Melo se enfrentó al cacique Yaite en una sangrienta batalla que terminó con la rendición de los querandíes y de lo que se da testimonio en el acta de fundación de la catedral Nuestra Señora del Buen Viaje de Morón.
También en ese mismo año por despacho del rey Fernando VI el gobernador de Buenos Aires, don José de Andonaegui entregó al capitán español don Diego Rodríguez Flores por servicios prestados a la corona, una “suerte” de tierra de aproximadamente 482 hectáreas ubicadas entre el Río de las Conchas y la Cañada de Juan Ruiz, en una extensión que por ubicación y superficie, luego correspondería al pueblo de Ituzaingó.
Años después, en 1805 el militar español vendió estas tierras en la suma de 22 reales a su sobrina doña Melchora Romero, la cual habiendo enviudado y no pudiendo afrontar el pago de las cuotas por la compra de los terrenos, transfiere hacia 1811 en la suma de 40 reales, la propiedad a su hijo mayor don Francisco Ponce de León.
los caminos reales en tiempos de la colonia.

En 1776 se edificó una capilla en el paraje de la Cañada de Morón por lo cual se trasladó la sede parroquial de Merlo. Era sin duda un lugar más transitado y mejor ubicado en la enorme extensión del por entonces curato del pago de La Matanza. El lugar elegido para levantar la parroquia fue una lomada donde existió un fortín y luego se ubicó la catedral de Morón. En los años subsiguientes funcionó junto a la capilla un cementerio, aunque del fortín y del oratorio próximo al arroyo, ya no quedaban rastros.
Se destaca que Juan Antonio de Merlo –hijo de Francisco Merlo y cura de la capilla creada por su padre- sucedió al doctor Francisco Javier Moraga, quien fuera el primer cura de la parroquia de Morón. Por ello al referirse a la iglesia de Morón es frecuente encontrar en documentos y referencias de la época que se lo llamase “Oratorio de Merlo”.
En tanto Francisco Merlo, oriundo de Sevilla, fue quien habiendo adquirido una estancia en los pagos de Las Conchas, levantó una capilla. Ello lo hacía en cumplimiento de  un acuerdo con un amigo muerto, don Francisco Sánchez Botija. Dice Merlo en su testamento con fecha 4 de mayo de 1756 que siendo albacea de su amigo fallecido en 1729, compró con los bienes por él administrados, una estancia en dicho lugar e hizo construir una iglesia a la Santísima Virgen del Camino y fundó un hospicio llamado San Ramón para habitación de ocho religiosos de la Merced, a cuyo cuidado quedaba la iglesia.
La capilla fue habilitada para los oficios religiosos en la Semana Santa de 1730 y procuró desde un primer momento, servir de posta para los viajeros que se dirigían al norte y a Chile.
Tal intención de Merlo se evidencia en el nombre escogido, Nuestra Señora de la Concepción del Camino, aunque también estuvo dedicado a San Antonio de Padua, patrono del fundador. Durante más de cuarenta años sirvió esta capilla como iglesia parroquial dela zona y fue la primera que interinamente funcionó en el curato del pago de La Matanza.
Hacia 1738 inició el tenaz Francisco de Merlo, las gestiones ante el Cabildo de Buenos Aires para fundar allí una villa que llevara su nombre. El malón que el 19 de noviembre de 1740 asoló la zona y su proximidad con la capilla reforzó dicha solicitud.
La cercanía del Camino Real y la existencia de un oratorio, favoreció su rápido poblamiento alrededor de una posta que permitió un descanso reparador a innumerables viajeros y el ruego a la Santidad Protectora del Camino.
La zona de Ituzaingó era la más adecuada para pasar la noche antes 
de iniciar el cruce del río. Michenzi 1996.

Sabemos que hacia 1742, por acta del escribano José Ezquibel, el vecindario estaba integrado por quince familias y que el 31 de agosto de 1754 se expidió una real cédula por la cual se autorizaba legalmente la fundación del pueblo. El 7 de agosto de 1755 el gobernador José de Andonaegui designaba al nuevo poblado con el nombre de Villa de San Antonio del Camino. Sin embargo la muerte de su fundador en 1758 demoró por algunos años el desarrollo de este pueblo. (Documento 4)

DOCUMENTO 4. “En esta Villa de San Antonio del Camino, siete leguas de Buenos Aires, a 28 de agosto de 1755, Yo, Francisco de Merlo, vecino de dicha Ciudad y dueño de esta Villa, digo que por cuanto Real Cédula de su Majestad (que Dios guarde), fecha a 31 de agosto del año pasado de 1754, expresa su Majestad la satisfacción con que queda del servicio de esta población, quedando muy inclinado y dispuesto para facilitar cuantos auxilios sean necesarios y conducentes a la perfección de esta obra tan de Real agrado, el cual dicho pueblo se ha de intitular la Villa de San Antonio de Camino; y siendo mi ánimo acabar la construcción de esta Villa por el presente hago saber a todas las personas que quieran poblar en ella hasta el número de cincuenta familias, con las que actualmente se hallan pobladas ocurran a mí y en mi ausencia, al doctor Juan Antonio de Merlo, mi hijo, cura y vicario de este Partido, en el término de un mes desde hoy para que se les señale el terreno de veinte varas de frente y setenta de fondo, para en ella hacerles a cada uno su casa… las dichas casas les daré títulos de propiedad de dichos terrenos; y les relevo por tres años de los derechos parroquiales, quedando yo a satisfacerlos; así mismo se nombrará Juez que los gobierne como también un Capitán a cuyas órdenes estén prontos para salir a cualquier acontecimiento de los infieles pampas que vengan a hostilizar estos parajes; y para que lo referido llegue a noticia de todos se publicará este auto en la plaza de esta Villa”.
Para aliviar el peso de las carretas, los troperos cargaban con mercaderías 
una vejiga de cuero inflada y con caballos la arrastraban
 flotando por el río. Michenzi 1996
(8) Respecto al nombre de la capilla y su relación con la existente en Merlo, el padre Juan Presas demostró en sus valiosos estudios que el Cabildo Eclesiástico de Buenos Aires al crear las parroquias en 1730, no definió sobre el patronazgo y titular de las mismas, dejando que cada lugar venerase al patrono de su devoción.
En la capilla de Merlo se honraba a la Concepción del Camino, quedando ella como titular al mudarse la sede de la iglesia parroquial y trasladarse a la Cañada de Morón, donde conservó el título de “Inmaculada Concepción”, pero modificó la segunda advocación por “Buen Viaje”, operándose este cambio a fines de 1776.